Terremotos [CR-107]

[Esta entrada apareció publicada el 23 de octubre de 2020, en la contraportada del semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]

El viernes pasado nos desayunábamos con una preocupante noticia. Durante la madrugada había tenido lugar un terremoto de magnitud 4,1 en la escala de Richter, con epicentro en Ubrique y que se había sentido en Cádiz, Sevilla y Córdoba, si bien no se habían registrado daños personales ni materiales.

Una buena noticia dentro de la preocupación porque no debemos olvidar que los seismos pertenecen a esa misma categoría de fenómenos terráqueos naturales, junto al vulcanismo y la pandemia, que gozan de las indeseadas características de imprevisibilidad y peligro para los humanos.

Y no es que sepamos poco de estos temblores de tierra, sabemos mucho de lo necesario -como qué zonas del planeta son especialmente sensibles (donde chocan placas tectónicas diferentes), y algunos de los posibles indicios de que se van a producir- pero no todo lo suficiente cómo para saber cuándo va a tener lugar uno de ellos o los efectos que va a producir. Esto es algo que aún está fuera del alcance de la sismología actual, de modo que avanzamos sí, pero no lo suficiente. Precaución.

Últimos estudios hacen pensar que la Tierra emite de forma natural dióxido de carbono (CO2), principal responsable del efecto invernadero, cuando las fuerzas tectónicas derriten rocas carbonatadas. Un gas que se acumula en huecos de la corteza y se suele filtrar en parte al agua subterránea que alimenta los manantiales, pero, si la presión del gas aumenta mucho entonces puede escapar a través de las zonas límites entre capas geológicas, generando el conocido movimiento telúrico.

Por desgracia no podemos establecer de forma cierta una relación causa-efecto sobre si este gas es el responsable del sismo o, al menos, si su presencia nos permite predecirlos. De hecho, ignoramos si es la única causa posible de ellos. En definitiva, no podemos predecir con certidumbre y algo de exactitud cuándo se producirá un terremoto, de forma que lo prudente es no vivir en zonas sísmicas y, si no hay más remedio, procurar hacerlo en edificios construidos con medidas antisísmicas. Caución.

De la más conocida y científica de las escalas utilizadas para determinar la violencia de los terremotos, decirle que fue inventada y diseñada en 1935 por Charles F. Richter y aclararle algunos malentendidos sobre ella: Se trata de una escala abierta, no tiene un límite máximo. Se expresa en números árabes y no está graduada de 1 a 9.

Es una escala logarítmica, cada grado es diez veces mayor que el anterior, y así, un terremoto de grado 2 no es el doble de violento que uno de magnitud 1, sino diez veces más violento. Y no es la única, existe otra menos conocida y científica denominada escala Mercalli.Contadme otra vez como evitar un terremoto con la vejiga de una oveja’.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

ÍNDICE

 



Grafitis científicos. 311

O 'El mundo se va al desagüe', una ilusión óptica del artista urbano español Pejac, autor de críticos "lienzos" en blanco y negro muy del estilo de Banksy.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


Natalia Ruiz Zelmanovitch: «La ciencia es un bien social que necesita más recursos para llegar a la gente”

[Esta entrevista, realizada por el periodista José Antonio Plaza, es la primera de una serie que, tras la publicación del Reportaje sobre el 10º aniversario de Naukas, estará protagonizada por diversos divulgadores y divulgadoras españoles. En cada entrevista se hablará de su labor como científico y/o comunicador, de su campo científico de trabajo, de la relación del entrevistado con Naukas y de la divulgación científica en general].

Natalia Ruiz Zelmanovitch

Natalia Ruiz Zelmanovitch (París, 1972) es una de las comunicadoras y divulgadoras científicas más originales de España. No es científica. Tiene una licenciatura en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada, formación en Planificación y Gestión Cultural y dos años de Arte Dramático, y llegó el mundo de la comunicación casi de rebote y por medio del periodismo. ¿Una rara avis?

Natalia, después de “hacer un poco de todo” para irse ganando la vida, trabajó en radios y en la televisión local de Almuñécar, el pueblo donde de crio y creció, y allí cogió “unas tablas brutales” en el arte de contar cosas. Por entonces su relación con la ciencia era casi nula, pero en 2001 las cosas cambiaron: “Me fui a Canarias, a Tenerife, por amor”, una decisión que vino acompañada de otro amor menos carnal: allí descubrió el Gran Telescopio Canarias (GTC) y comenzó su relación con la astronomía “por pura serendipia”, tras presentarse a una plaza de comunicación en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Lo hizo sin muchas esperanzas, pero la contrataron y pasó allí ocho años comunicando sobre astrofísica.

Después todo ha venido rodado en su relación con el espacio: periodista -por un tiempo breve- en la Agencia Espacial Europea (ESA); comunicadora en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA); miembro del nodo español del Observatorio Europeo Austral (ESO); de nuevo en el GTC como freelance; más comunicación en el proyecto Astromol del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid del CSIC; y, finalmente y hasta el momento, responsable de comunicación del proyecto europeo Nanocosmos en el Instituto de Física Fundamental del CSIC.

Hasta aquí “la comunicación, que es mi trabajo”. Luego está, en paralelo, la divulgación de la ciencia, “que no es lo mismo aunque esté relacionado”, explica. Es colaboradora de Naukas y de Hablando de Ciencia; miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) y de la Sociedad Española de Astronomía (SEA); ha participado en programas de radio como Carne Cruda, El Canto del Grillo (RNE) y Galaxias y Centellas (Radio Autonómica de Canarias)… Y ha popularizado, junto al astrofísico Manuel González, una nueva manera de contar la ciencia: la astrocopla, un espectáculo de canto, interpretación y divulgación científica, aliñado con “un poco de mamarrachada”.

La entrevista, por videoconferencia como mandan los puñeteros cánones de 2020, es más una charla. Hay risas, confesiones, críticas y hasta una canción de por medio. Pero, sobre todo, ciencia. Ciencia que hay que contar, “porque es un bien social”. Vamos con nuestro pequeño granito de arena.

Un momento de la tele-entrevista. Natalia Ruiz Zelmanovitch y José A. Plaza, de charla online.

Sueles decir que llegaste al mundo de la ciencia por casualidad, por azar… Hasta por amor. ¿Cómo es esto?

Buena parte de mi vida es pura serendipia. Yo no soy científica y venía de hacer periodismo en medios locales. La primera vez que me enfrenté a redactar una noticia fue un flechazo: enseguida me sentí segura y cómoda, sintiendo que trabajaba bien. Cubría casi de todo menos ciencia. Luego llegué a Canarias desde Granada porque me enamoré de un chico y salió la oportunidad de ir a Tenerife. Había que buscarse la vida y eché un currículum para trabajar de comunicadora en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Y de repente me llaman, paso las pruebas y me contratan. Era el año 2001. Fue como tirarse de golpe a una piscina con poca agua, pero me puse a controlarlo todo rápidamente: pedí los planos del proyecto del Gran Telescopio Canarias, me aprendí cómo funcionaba todo, me empapé de la tecnología, la óptica adaptativa, los infrarrojos, los conceptos de astrofísica… Y me pasé 8 años haciendo comunicación multimedia sobre astronomía. Aprendí una barbaridad, pero quería más ciencia; entrar más de lleno.

¿Fue un amor a primera vista?

¿Con la ciencia? En parte sí. El amor por la comunicación ya lo tenía. Después de hacer periodismo sobre casi todo, empecé a hacer comunicación de la ciencia y vi que, oye, no me aburría. Todo era nuevo y diferente. Yo soy muy apasionada, y ver prácticamente cada día una molécula nueva, una tecnología innovadora, una publicación científica pionera… Interactúo mucho con los científicos, es un trabajo en equipo. Encontrar la chispa a un paper es precioso. Lo flipaba cuando empecé a escribir sobre ciencia, y lo sigo flipando.

“La astronomía da humildad, ayuda a ponernos en nuestro sitio”

¿Qué ámbito de la astronomía te atrae más?

Cuando empecé hacía una comunicación mucho más “generalista” de muchos campos de la astrofísica. Me fascinaban los trabajos que estudiaban cómo se mueven las galaxias, por qué tienen esas formas. El tema de moda no me interesaba menos: la búsqueda de planetas extrasolares, con sus limitaciones tecnológicas y el empuje que esto provocaba en las mejoras y avances de esas técnicas. Eran fenómenos que implicaban objetos grandes, masas inmensas, una física de lo enorme… Hasta que llegué al mundo de la astroquímica. Jamás, hasta ese momento, me había planteado que un equipo de astrofísicos se pasara el tiempo haciendo experimentos de laboratorio para comparar los resultados con sus observaciones. Ahora me debato entre mi amor por las enormes instalaciones astronómicas y los experimentos de laboratorio con cosas pequeñísimas. Fíjate que el reciente descubrimiento ‘tentativo’ (es decir, aún debe confirmarse) de fosfano en la atmósfera de Venus me trajo directamente a la cabeza el trabajo que publicó gente de mi grupo en 2014: fueron los primeros en detectarlo fuera del sistema solar. De hecho, escribieron para la Agencia SINC un artículo explicando en qué otros lugares del universo se había detectado y en qué cantidades. La forma en que somos capaces de analizar y extraer tanta información del espectro electromagnético me fascina.

¿Te has enamorado de la astrofísica?

Totalmente. Y el campo en el que yo trabajo es increíble. Cosmología, galaxias, planetas, estrellas y, ahora, astroquímica. Sin los granos de polvo, el polvo cósmico, no estaríamos aquí ahora hablando. Son la base para toda interacción molecular en el espacio: un ciclo de ‘vida’ del que deberíamos aprender más. Nacen de la muerte de las estrellas y, mucho después, se reconcentran, se condensan y… chas: aparece una estrella nueva. Ahora estoy más enfocada a la astroquímica, que en el fondo trata del origen de la vida. Son cosas muy técnicas, tanto que a veces no me entiendo ni yo… Conocer la astronomía te da mucha humildad. Somos una mota de polvo suspendida en un rayo de luz. No somos nada, pero la liamos parda todos los días. Hablar del espacio y sus misterios nos ayuda a ponernos en nuestro lugar.

Natalia, en las instalaciones del Gran Telescopio Canarias, donde trabajó 8 años como comunicadora.

¿Qué tiene la astronomía para, pese a su tremenda complejidad, llegar tanto a la gente?

Creo que hay tres cosas claves. La primera es que todo el mundo puede mirar al cielo; es bastante accesible. La segunda, que hay muchísimos astrónomos aficionados, muchísima gente amateur que enseña y difunde sobre el espacio de manera a veces altruista. Y la tercera, la gran tradición en comunicación que tiene el sector. Desde la carrera espacial nos han llegado noticias constantemente y eso ha creado una capa de conocimiento generalizado que ayuda a que la astronomía se haya convertido en algo cotidiano en las noticias de ciencia. Y la astronomía siempre gusta, aunque hables de cosas muy complejas.

Tu estreno en el mundo de la divulgación científica fue en Naukas hace casi 10 años. ¿Cómo pasó?

Era 2011. Fui a Naukas Bilbao [su nombre aún era Amazings] como público. Iba sola, me alojé en un hotel súper barato para estudiantes y no sabía bien qué me encontraría. Pero enseguida conocí a mucha gente muy maja, asistentes como yo y también ponentes. Con lo tímida que soy yo de entrada (sólo de entrada…), me sentí integrada rápidamente. Tengo muy buenos recuerdos de aquella experiencia.

Y, desde entonces, eres una habitual, casi fija…

He participado en todos los Naukas, salvo en los de los años 2013 y 2019. Cuando empezaron los eventos Naukas yo hacía radio en Tenerife, colaboraba en un programa de Juanjo Martín con una sección sobre pseudociencias desmontadas con humor. Creo que por esto, a través de algunos conocidos, me conoció Javier Peláez, que también vive en Tenerife y que me invitó a formar parte de la plataforma. En el Naukas de 2012 ya di una charla, aunque curiosamente no hablé de lo que más sé, que es la astronomía. Hice un número de Liza Minelli en Cabaret, un monólogo-canción sobre productos engañosos antienvejecimiento. El cabaret es un género frívolo, casi superficial, que entra fácil y te deja pensando. Naukas fue lo primero que hice mezclando teatro y divulgación, la verdad. Ese mismo año ya empecé el blog también, y ahí sigo…

En el Naukas Coruña de 2017 (foto: Xurxo Mariño).

Llevas casi 10 años como parte de la comunidad Naukas. ¿Cómo la definirías?

Creo que es un regalo para mucha gente, una manera diferente de acceder a la ciencia. Es un espectáculo, algo para divertirse que, además, puede dejar poso. Creo que la intención no es enseñar tanto como divertir, pero se abre una puerta al interés y, por qué no, al aprendizaje. En el plano más personal, es una oportunidad, también profesional. Muchos nos hemos dado a conocer con Naukas, es una puerta abierta hacia más cosas, incluso a cierta fama, algo que no va mucho conmigo, pero que ahí está. Sé que no soy objetiva al decir esto porque formo parte de ello, pero si lo entiendes como lo que es, un divertimento, Naukas es una maravilla.

Sueles contar la ciencia interpretando, cantando, bailando… ¿De dónde te viene?

No sé si hay una respuesta clara. Mi padre es muy amante del flamenco. El caso es que de niña pensaba, porque es algo que pasa cuando eres joven, que lo castizo es un poco casposo, cutre, viejo, pasado. Pero con el tiempo fui aprendiendo: escuchar y ver a Rocío Jurado o Lola Flores es un espectáculo.

Y apareció la astrocopla

Sí… Era el año 2015 cuando conocí a Manuel González. Manolo es astrofísico y pronto conectamos a base de tomar cafés y charlar. Ese año decidió presentarse a Famelab y surgió la posibilidad de echarle una mano, porque yo tengo dos años de formación en Arte Dramático. Lo que vi me alucinó: Manolo se come el escenario, se mete a la gente en el bolsillo. Es un creador brutal. Qué sex-appeal. Arrollador. Participó cantando la Copla de las estrellas, imitando a Lola Flores. Fue increíble. La copla, como te decía, puede sonar a algo casposo, pero tiene un trasfondo histórico, social y cultural muy importante. ¿Por qué no utilizarla para contar la ciencia? Nos hicimos pareja artística divulgadora. Trabajar con él y salir juntos al escenario es una pasada.

Con Manuel González, en un evento Naukas (foto: Xurxo Mariño).

No todo el mundo entiende estas formas de divulgación. Hay gente muy purista, y colectivos que incluso lo rechazan alegando que no es ni bueno para la ciencia. ¿Qué les dirías?

Que si no les gusta, no lo escuchen. Que miren para otro lado, están en su pleno derecho, por supuesto: no hay discusión posible. Mientras haya quien le guste… Lo que es importante es, divulgues como divulgues, lo hagas con rigor. Una cosa es que no te guste y no vayas, y otra que incordies intentando despreciarla. Pero hay una cosa: muchas veces, acercarme a algo que no me gusta o no me atrae, me ha ayudado a tener más perspectiva. Claro que yo, y muchas personas, hacemos mucho el mamarracho, pero bien hecho. Puedes buscar más una enseñanza o un divertimento, pero siempre con la verdad por delante, con honestidad. Y entreteniendo. También te digo que, para profundizar mucho, quizá no sea el formato más apropiado. ¿Y qué? Muchos pasamos un buen rato y, a lo mejor, acercamos la ciencia a algunas personas, que se quedan dándole vueltas. No sé si gana la ciencia, pero sí que gana la gente.

¿La ciencia es también compromiso?

Con la sociedad, claro. Y con la propia ciencia, que necesita más dinero, más recursos, mejores condiciones de trabajo. Se están dando pasos positivos en algunos ámbitos, por ejemplo en la diversidad. La ciencia es mejor si es diversa, y hay ejemplos de mayor visibilización de colectivos a veces ‘invisibles’. La presencia de las mujeres es quizá lo más recurrente, pero no es sólo eso. Asociaciones como Prisma hacen mucho bien y trabajan un montón. Por ejemplo, Naukas lleva un par de años dando cobijo a ‘Las que cuentan la ciencia’, un evento organizado en Córdoba por mujeres y en el que sólo participamos mujeres. Todo suma.

¿Vale todo el mundo para comunicar ciencia?

No es cuestión de obligar. Para comunicar ciencia hay que tener las herramientas y la gente para hacerlo, eso sí. Por eso es tan importante la profesionalización que estamos viendo en los últimos años. Empieza a haber verdaderos profesionales en esto de contar la ciencia, más allá de quienes lo hacen en su tiempo libre o por amor al arte. Creo que en esta evolución tienen mucho que ver las Unidades de Cultura Científica (UCC), los gabinetes de comunicación, el periodismo científico… Por ejemplo, Naukas creció vinculada a la Cátedra de Cultura Científica  de la Universidad del País Vasco. Ahora hasta hay empresas dedicadas a la divulgación científica.

Vivimos un auténtico boom de la divulgación científica, pero ¿llega realmente a la sociedad?

No estoy segura. Hay un cambio de mentalidad, eso sí. Antes no se le daba apenas importancia a la comunicación, a la transferencia de la ciencia, a llevarla fuera de los laboratorios y las clases. No había formación para hacerlo, de hecho. Pero esto está cambiando, y hay mucha gente detrás trabajando para ello. En cierto modo, con la comunicación y la divulgación ha pasado algo como lo que sucedía con la transferencia de la ciencia, que había quien decía que era prostituir la investigación. Y nada más lejos de la realidad. La ciencia es un bien social, debe llegar a la gente y ahora tenemos más puertas abiertas para conseguirlo. Luego, interesa o no, pero hay que invertir en las personas y los recursos necesarios para intentarlo. Si estamos calando en la sociedad o no… Podemos fijarnos en este 2020, por ejemplo.

La ciencia prácticamente está atropellando a la sociedad. Le ha caído encima de golpe…

Eso es: nos ha explotado en la cara. Y, si antes no sabíamos de ciencia ni la comprendíamos, ¿vamos a hacerlo ahora, en mitad de esta crisis? De entrada, el pensamiento crítico brilla por su ausencia, y no sabemos qué es el método científico ni por qué es importante. Hay cosas que desde dentro no se hacen bien, como no publicar la ciencia fallida o hacer creer que la ciencia encontrará, seguro y pronto, la mejor solución. Aunque no se dice todo lo que se debe, este año estamos escuchando a muchos científicos decir ‘no lo sé’. La ciencia es decir ‘no lo sé’, pero la gente se cree que es decir ‘esto es así’ y está mal visto responder con dudas o desconocimiento, cuando es lo natural.

 “La ciencia nos está explotando en la cara: ¿cómo vamos a entenderla siendo tan hooligans y sin pensamiento crítico?”

¿Quizá 2020 sea una oportunidad demasiado extrema para hacer comprender mejor la ciencia?

Cada vez somos más hooligans de lo nuestro. Somos de bandos, y la ciencia no es así, sino de tener la mente abierta, sujeta a cambios, a cambiar de opinión. Entramos sin remisión en terrenos como el de la religión o la política: somos de un bando y, aunque se equivoque, seguimos defendiéndolo de manera cerril. Es un error. Pero, tratando de ver las cosas con optimismo, ahora la ciencia está en muchos más sitios accesibles. En la televisión, por ejemplo. En la calle también, y Naukas es sólo un ejemplo de muchos más eventos divulgativos que siguen proliferando en los últimos años.

¿Cómo ves la situación general de la ciencia?

Tengo una visión limitada, la verdad. Una de las cosas que no me gustan es que se le da poca importancia a la ciencia básica. Creemos que la ciencia debe rentabilizarse social y económicamente muy rápido, una idea que ciertos sectores políticos tienen muy arraigada. No entendemos que la ciencia básica aporta otro tipo de riqueza, de conocimiento, fundamental para que luego llegue la ciencia aplicada. Permite andar más camino. Y luego está la burocracia: a veces cuesta hasta comprar un paquete de folios, ya no te digo un microscopio. No podemos olvidar la rendición de cuentas, pero la investigación necesita más libertad en este sentido.

Para acabar, ¿una copla para la ciencia?

Como algo me comentaste por correo, he preparado algo en unos minutos. Ahí va, pensad en Rocío Jurado en directo

Se nos rompió el humor,
de tanto usarlo,
de tanto loco hachazo sin medida,
de chistes obsoletos y fracasos,
se nos quejó la ciencia un buen día.
Se nos rompió el humor,
de tan grandioso,
jamás pudo existir tanta tontuna,
las cosas tan cachondas duran poco,
jamás duró el humor dos primaveras.
Me alimenté de ti por mucho tiempo,
y nos creímos divas discotequeras,
jamás pensamos nunca en el dinero,
y no llega dinero aunque lo quiera.

A propósito de crepúsculos

(Continuación) Así en plural, tal como utilicé el término en la entrada Lucero del albade la semana pasada, donde explicitaba la existencia de dos crepúsculos, matutino y vespertino, y es que, como otras muchas, esta palabra goza de la propiedad de la polisemia, fenómeno del lenguaje por el que una misma palabra tiene varios significados.

Tirando de diccionario el término, etimológicamente derivado del latín crepuscŭlum, presenta hasta tres acepciones: una temporal, otra lumínica y estotra digamos entre coloquial y artística. Empezando por esta última ambos lenguajes lo utilizan para hacer referencia a aquella fase declinante que precede el final de algo, lo que sea: El crepúsculo del otoño, de la vida.

Sin embargo, las dos primeras están estrechamente relacionadas con nuestra estrella, asociadas por un lado con el intervalo de tiempo que hay tanto desde el inicio del amanecer hasta la salida del Sol, como al de después de su puesta hasta que cae la noche. Y por otro, también se refiere a la iluminación propia de ese intervalo de tiempo, a la claridad que hay desde que raya el día hasta que sale el sol (amanecer) y desde que éste se pone hasta que es de noche (anochecer).

Crepúsculos, una cuestión temporal y espacial

Respecto a la primera, existen: el que tiene lugar antes de la salida del Sol y es conocido también como amanecer, aurora, alba, dilúculo o lubricán, y el que ocurre tras la puesta del astro y es conocido también como atardecer, ocaso, anochecer o arrebol. Así que desde un punto de vista físico temporal y en función del momento del día, podemos hablar de crepúsculo matutino y de crepúsculo vespertino.

Una clasificación que no es única pues, desde un punto de vista técnico se pueden distinguir hasta tres tipos, según el número de grados por debajo del horizonte que se encuentre el Sol: a) Crepúsculo civil, hasta seis grados (6 º), margen en el que en las ciudades no se requiere de iluminación artificial. b) Crepúsculo náutico, hasta doce grados (12 º), límite máximo que permite ver la línea del horizonte marítimo. c) Crepúsculo astronómico, hasta dieciocho grados (18 º), a partir de él la luz solar no interfiere con las observaciones astronómicas.

Crepúsculos, una cuestión lumínica

El término también alude a la claridad que tiene el cielo durante esos intervalos de tiempo que llamamos amanecer y anochecer, una iluminación que tiene lugar cuando la luz solar incide en las capas altas de la atmósfera, difundiéndose en todas las direcciones gracias a su interacción con las moléculas del aire, lo que permite iluminar el entorno del observador aun cuando el Sol ya no esté sobre el horizonte.

Un crepúsculo de color rojo debido al fenómeno óptico de la dispersión de la luzque genera la atmósfera y en el que los colores violeta, celeste, etcétera son dispersados con mayor eficiencia, la luz recorre mayores distancias dentro de la atmósfera, por lo que casi no llegan al observador.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 

Una ciudad en Marte. Hablamos con Guillem Anglada y Gisela Detrell. - Hablando con Científicos

Una ciudad en Marte - Hablando con Científicos podcast - CienciaEs.com

Tempe Mensa es una meseta marciana en forma de cuña, de más de 50 km de largo y 30 km en su parte más ancha, que se eleva más de mil metros sobre el terreno circundante. Los bordes de Tempe Mensa son laderas escarpadas, más pronunciadas en el suroeste, donde un meteorito de grandes dimensiones impactó en tiempo inmemorial con tal violencia que dejó una cicatriz en forma de cráter de 22 kilómetros de diámetro. Las imágenes aéreas del lugar son impresionantes, pero lo es más aún imaginar allí a NUWA, una gran ciudad capaz de albergar a un millón de habitantes propuesta por investigadores españoles atendiendo al desafío de la Mars Society en 2019. Guillem Anglada-Escudé investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña y a Gisela Detrell, investigadora en el Instituto de Sistemas Espaciales de la Universidad de Stuttgart en Alemania, describen NUWA para todos nosotros.

Ciencia: Enlaces y Recursos (107)

Anterior Post

Is Your Brain Really Necessary?
https://rifters.com/real/articles/Science_No-Brain.pdf
https://twitter.com/Dani_Pellicer/status/1318142177634025472

Quantum Tunnels Show How Particles Can Break the Speed of Light
https://www.quantamagazine.org/quantum-tunnel-shows-particles-can-break-the-speed-of-light-20201020/

Last Chance for WIMPs: Physicists Launch All-Out Hunt for Dark Matter Candidate
https://www.scientificamerican.com/article/last-chance-for-wimps-physicists-launch-all-out-hunt-for-dark-matter-candidate/

Roger Penrose interview. Nobel prize in Physics 2020
https://www.youtube.com/watch?v=zMsuxoe9sDk

Hubble's Famous Plate of 1923: a Story of Pink Polyethylene
https://www.aavso.org/media/jaavso/2787.pdf

La Brújula de la Ciencia: La expansión del universo
https://www.ondacero.es/programas/la-brujula/audios-podcast/la-brujula-de-la-ciencia/la-brujula-de-la-ciencia-la-expansion-del-universo_201906245d112ed10cf2e14153fc4cf8.html

Yes, The Apollo Moon Landings Really Did Happen
https://www.forbes.com/sites/startswithabang/2019/06/25/yes-the-apollo-moon-landings-really-did-happen/#4741779f6a8f

Complexity Explorables
http://www.complexity-explorables.org/

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com
http://twitter.com/ajlopez

Ciencia y Misterio (4)

(Continuación) Hace unas semanas tuvo lugar la presentación mundial de Ciencia y Misterio, una webserie que pretende divulgar y mostrar algunos problemas de la actividad científica tales como el fraude, presión por publicar o el exceso de horas de trabajo.

De esto van los cinco capítulos que componen la serie, mezclado con unas pizcas de misterio y algo de humor, y de los que hoy le ofrezco la primera entrega, espero que le guste. (Continuará)

FUENTE   


Estructura y composición de la Tierra: modelos geodinámico y geoquímico

El enorme interés que tiene el hombre por averiguar cómo actúa y de qué está compuesto el planeta en el que habitamos, le ha conducido a la aplicación de infinidad de métodos para estudiar e intentar aclarar sus dudas. Toda esa perseverancia le ha ayudado a constituir una Estructura y composición de la Tierra con […]

La entrada Estructura y composición de la Tierra: modelos geodinámico y geoquímico aparece primero en EspacioCiencia.com.

Hitos en la red #337

Lo de descubrimientos mediáticos que suenan raros, raros, raros, ya viene siendo una tradición (partículas superlumínicas o bacterias que incorporan arsénico en sus moléculas en vez de fósforo, son des ejemplos magníficos). También viene siendo tradicional el análisis de Francisco R. Villatoro de la mucho menos mediática refutación. Muy recomendado, por múltiples razones: El sesgo de confirmación en la detección del fosfano en Venus.

Aquí nadie recoge nada en ninguna parte hasta que lo dice Daniel Marín: OSIRIS-REx captura muestras del asteroide Bennu.

Que si invasiones de zombies, que si guerras galácticas con un imperio invasor, que si distopías donde los nazis invaden por tierra, mar y aire. Todo palidece ante Los invasores: Invasiones biológicas de Eduardo Angulo

También son muy interesantes:

¿Se pueden ver los átomos?

Sobre el papel de la tormenta de citoquinas en la COVID-19 crítica

La nave rusa Oryol toma forma

Pronosticación de las grandes señales

Mascarilla y COVID-19: ¿dilema del prisionero o juego de coordinación?

Rompecabezas matemáticos con números

Las reglas de desplazamiento radiactivo

Venus y sus ‘alter ego’

(Continuación) Este planeta-segundo en orden de ubicación contado desde el Sol, después de Mercurioy antes de la Tierra-, es sin duda es uno de los objetivos astronómicos más vistosos y fáciles de detectar desde cualquier punto de nuestra geografía. Lo es pues no en vano es el objeto nocturno más brillante después de nuestro satélite, el más luminoso del cielo después del Sol y la Luna, y además puede verse a simple vista incluso de día, al amanecer siendo el último en desaparecer (lucero matutino) y al atardecer siendo el primero en aparecer (lucero vespertino).

Mecánica celeste venusina

Unos fenómenos posibilitados gracias a que se trata de un planeta interior y a las características cinemáticas de su propia órbita que hacen que, dependiendo de la época del año, su presencia adquiera cierto protagonismo en diferentes franjas horarias, naturalmente desde nuestro antropocéntrico punto de vista.

Y en su órbita aparente le podemos ver unas veces siguiendo al Sol, tras el ocaso, las primeras tres horas después del atardecer al oeste y otras precediéndole, antes del alba, las últimas tres antes del amanecer al este. Empíricamente sabemos que esta transición del planeta, de lucero vespertino a matutino, sucede de manera periódica, cada nueve meses y medio más o menos, un dato coincidente con el que se desprende teóricamente de las leyes de la mecánica celeste.

Entiéndase, las tres leyes de la cinemática kepleriana y las tres leyes de la dinámica más la ley de gravitación universal (LGU) de la dinámica newtoniana. Por cierto, ya que lo nombramos al comienzo, estos fenómenos de Venus y por los mismos motivos astronómicos también le ocurren al planeta Mercurio, el más próximo al Sol, aunque en su caso el efecto es menos llamativo por ser mucho menos brillante y más difícil de ver.

Resumiendo, que es gerundio

Luego sólo existe el planeta, al que el hombre por desconocimiento inicial le asignó dos identidades físicas y que, a pesar de saber que es una confusión, coloquialmente la ha mantenido a lo largo del tiempo, pasando a formar parte del acervo cultural de la humanidad.

Dos luceros o estrellas, una que se levanta antes que el Sol (del alba) y otra que se acuesta después (del ocaso), lo que en sentido figurado y como hipérbole hace que Venus sirva para designar a cualquier persona, ya sea madrugadora o trasnochadora, una especie de licencia literaria.

Y una omnipresencia en el cielo que le posibilita para ver y enterarse de todo lo que sucede en la Tierra, lo que ha dado lugar a la conocida coletilla de “hasta el lucero del alba” que seguro conoce y hasta utiliza de vez en cuando, ¿Por qué se dice “hasta el lucero del alba”? Y ya de la que va una puntualización, desde el punto de vista científico no es lo mismo un lucero que una estrella y sí, existen dos crespúsculos. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.