Hace alrededor de un año nos asustábamos todos con la aparición de los primeros casos de Gripe A en Méjico. Sin embargo, y afortunadamente, aunque la pandemia se ha producido y el virus se ha extendido rápidamente por el planeta, no ha causado los estragos que se temían. ¿por qué? ¿Qué podemos aprender de lo sucedido, o de lo que, por fortuna, no llegó a suceder?
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

El polvo todavía rodea a estrellas de reciente formación en el cúmulo NGC 7129, a unos 3 mil años-luz de nosotros en la noble constelación de Cefeo (clic en la imagen para ampliarla a 900 x 904 píxeles o verla aún más grande).
Espejos estelares. En las proximidades de una estrella brillante, las nubes de partículas de polvo dispersan las longitudes de onda corta de la luz visible de las estrellas más eficazmente que las grandes, lo que produce bonitas nebulosas de reflexión azules como las mostradas en la imagen. De izquierda a derecha y comenzando desde arriba vemos a NGC 1977 en Orión, IC 2118 (Nebulosa Cabeza de Bruja) y M78, también en Orión. En la fila del medio se encuentran M20 (Nebulosa Trífida), NGC 2264 en la constelación del Unicornio (Monoceros) y IC 405 (Nebulosa de la Estrella Ardiente o Flaming Star Nebula). En la última fila, NGC 2023 (cerca de la Nebulosa Cabeza de Caballo), NGC 7023 (Nebulosa del Lirio) y, finalmente, la brillante estrella Mérope rodeada de un velo de polvo (NGC 1435). Mérope es una de las siete hermanas de las Pléyades (clic en la imagen para ampliarla). Leer la entrada completa.Homínidos: Richard Feynman, sobre el conocimiento
Excelente discurso, con el que estoy de acuerdo. Transcribo y comento:
Si Ud. espera que los científicos le proporcionen todas las respuestas a las fabulosas cuestiones sobre qué somos, dónde vamos, cuál es el sentido del Universo y esas cosas, entonces creo que uno podría fabricar fácilmente ciertas soluciones y sacarle un jugo místico al problema.
La ciencia está para investigar la realidad, incluidos nosotros. Pero no para dar todas las respuestas, menos sobre el sentido de nuestra vida. Nos puede mostrar cómo son las cosas (incluidos nosotros), pero nada sobre qué hacer con nuestra vida. De ahí que tengamos que apoyarnos en la filosofía, sin olvidar lo descubierto por la ciencia.
Investigar no es ser complacientes con la naturaleza. La gente me dice ¿estás buscando las leyes completas de la física? No, no estoy haciendo eso. Simplemente estoy tratando de saber algo más acerca del mundo. Si resulta que hay una ley definitiva y simple que lo explica todo ¡si es así será muy agradable descubrirla! Si en cambio resulta que la naturaleza es como una cebolla con millones de capas y terminas agotado y cansado de ir descubriendo esas capas ¡entonces es así como será!
Concuerdo. Muchos piensan que la ciencia busca la simplicidad. Yo veo que busca explicar la realidad: en el caso de la física, si resulta que al final ese aspecto es simple, así será. Sino, habrá que admitir que no sea simple. Hay ideas sobre la incorporación de la "historia" en la explicación de lo que es ahora: bien podría ser nuestro Universo una rama posible y no necesaria de la historia de la realidad.
Pero sea como sea, esa será su naturaleza y ella aparecerá de la forma que ES. Por tanto, cuando vayamos a investigar no deberíamos presuponer qué estamos tratando de hacer, sino solamente intentar conocer algo más sobre ello.
Dicho esto, no me puedo creer las historias especiales que se han establecido sobre nuestra relación con el Universo porque parecen ser ¡muy locales! ¡muy provincianas! ¡La Tierra! ¡Todo vino a suceder en la Tierra! ¡Uno de los aspectos de Dios vino a la Tierra, fíjate! ¡Y mira la cantidad de cosas que hay ahí afuera! ¿Cómo es posible? Hay una gran desproporción.
Veo que la ciencia nos ha ido sacando de ese centro, desde Copérnico en adelante. Pero siempre se cuela el ser humano como centro. No hay que renegar de eso, sólo tomarlo en cuenta, en la justa medida y circunstancia.
Y otra cosa tiene que ver con la cuestión de cómo te puedes fiar de que algo es cierto. Si te fijas en todas las teorías de las creencias, todas las diferentes teorías que hay sobre eso, entonces empiezas a darte cuenta. Una vez has empezado a dudar, que para mí es una parte muy fundamental de mi alma, dudar y preguntarme cosas. Para mí dudar y preguntarme cosas es un poco más difícil ... que creer.
Eso es el espíritu escéptico: no negar, sino dudar.
¡Puedo vivir con dudas! Y con incertidumbre, y no sabiendo. Pienso que es mucho más interesante vivir no sabiendo que tener respuestas que puedan estar equivocadas. Tengo respuestas aproximadas y convicciones posibles en diferentes grados de certidumbre sobre varias cosas pero no estoy absolutamente seguro de nada, y acerca de muchas cosas no sé absolutamente nada.
Esa es la actitud que cultivo, prefiero la verdad al alivio, como escribíó Huxley (ver enlaces al final)
Pero no tengo que tener imperiosamente una respuesta. No me siento asustado por no saber cosas, por "hallarme perdido en un universo misterioso sin ningún propósito" que es como realmente es, hasta lo que ahora por ahora puedo decir, posiblemente. Eso no me asusta.
De nuevo, excelente.
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¿Qué es lo bueno?
Nos leemos!
Angel "Java" Lopez
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Creo que fue Francisco Umbral el que escribió una vez, y me hizo gracia, que le habían invitado a dar clase en una universidad de verano y que, afortunadamente, le había parecido “más de verano que universidad”. Sospecho que también esta primera columna del nuevo curso de La ciencia es la única noticia va a resultar más de verano que académica. Es lo que piden estos calores, ¿no? Al menos, trataré de que la pizca de ciencia que pueda incluir sea refrescante.
(Continuación) El susodicho reloj de pulsera era en realidad un mecanismo capaz de medir el pulso.
Me viene a la mente, “Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche, sin peligro de pisar al gato”.
Algo muy extraño la verdad, si bien él se siente muy orgulloso de su “atractor de peces”.
Tanto que inventó un dispositivo para tensarlo, un tensor de bongó.Y no es que tengan que ser los mejores en estos asuntos. Algunos "paranormalistas" son lo bastante hábiles, como los magos, para engañar incluso a muchos científicos. Es por ello que muchas veces los desenmascaradores más hábiles no son precisamente científicos, sino otros magos. Esa es la razón por la que los espiritistas y médiums más famosos suelen dar toda clase de excusas y rechazan subir al escenario si se enteran de que la primera fila está llena de magos profesionales.
Y es que no debemos tragarnos las cosas por las buenas. A veces, cuando algo parece maravillosamente posible hay quien dice que "esto se verá en el futuro", aplicando la Tercera Ley de Clarke que dice que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Pero cuidado, esta ley no funciona a la inversa. O sea, de "cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia" no se sigue que "cualquier afirmación mágica que pueda hacer cualquiera en cualquier momento es indistinguible de un avance tecnológico futuro". Sí, es cierto en que ha habido ocasiones que escépticos autorizados se han equivocado estrepitosamente, pero es mucho mayor el número de afirmaciones mágicas que nunca se han cumplido.
Vamos con el primer caso: David Brewster.
Si has estudiado óptica, tarde o temprano habrás hecho una práctica con el ángulo de Brewster. Nacido en 1781 fue licenciado para ejercer su ministerio en la Iglesia de Escocia, pero su periodo en el púlpito fue muy breve: la primera vez que subió y vio a toda la congregación con la mirada fija en él lo puso tan nervioso que prometió a sí mismo no dedicarse a ello nunca más. Fue un mal día para la Iglesia Nacional de Escocia, pero un gran día para la ciencia.
Investigó la polarización, la reflexión y la absorción de la luz. Construyó relojes de sol, microscopios y telescopios. Sus ingresos dependían de su destreza como corrector editorial. Se casó con Juliet McPherson y fue una feliz unión que duró 40 años y dio 5 hijos. Cuando murió Juliet se casó con Jane Purnell, a los 74 años de edad, con quien tuvo una hija.
Fue el inventor del caleidoscopio. Cozy Baker, fundador de la Brewster Kaleidoscope Society escribió:
Su caleidoscopio creó un clamor inaudito. Una manía universal por el instrumento se apoderó de todas las clases, desde las más bajas a las más altas, desde las más ignorantes a las más cultas, y toda persona sentía, y más aún, expresaba, que un nuevo placer se había añadido a su existencia.
Obtuvo una patente por su invento pero, por un error en el proceso de registro, no obtuvo remuneración por él. Cuando la persona que empleó para fabricar los artefactos los mostró a unos ópticos de Londres para poder hacerles un pedido, la idea básica dejó de ser un secreto. En tres meses se habían vendido en Francia e Inglaterra más de 200.000 caleidoscopios.
Otra invención de Brewster fue el estereoscopio lenticular. Se utilizaba para crear la ilusión de un objeto tridimensional. Se trataba de una caja cerrada que podía abrirse por los lados para que entrase la luz y disponía de dos lentes ajustables. Cuando enviaron algunas muestras a la Gran Exposición de Crystal Palace en 1851, la reina Victoria quedó tan fascinada que desencadenó otra moda.
Sus investigaciones permitieron mejorar el sistema británico de faros para la navegación. Aunque Fresnel también había trabajado en ello, Brewster insistió en que se adoptaran.
En la década de 1820, se interesó por los colores del espectro. Newton había propuesto la existencia de 7 colores. Otros investigadores decían que el amarillo era simplemente una combinación de rojo y verde. Brewster demostró que el amarillo era un color independiente.
Publicó más de 2.000 artículos.
Pues bien, en 1851, Brewster recibió el encargo de estudiar al médium escocés Daniel Dunglas Home quien, presuntamente, había demostrado todo tipo de extraños fenómenos y sonidos durante una séance. Brewster destapó el engaño en una carta al Morning Advertiser, en la que denunciaba el esperitismo y añadía: "Vi lo bastante como para convencerme de que [los efectos de la séance] podían producirse con pies y manos".
A la carta le siguió un encendido debate en los periódicos. En respuesta a una enfurecida carta de opinión que lo contradecía, Brewster replicó que no le había sido permitido mirar debajo de la mesa y que antes de pensar que los espíritus producen sonidos, prefiero conjeturar que aquellos golpeteos los producía el señor Home con los dedos de los pies, y en lugar de pensar que los espíritus elevaban la mesa, aventuraré que lo hacía el señor Home con sus pies, que siempre estaban por debajo.
Vamos con el segundo caso: Irving Langmuir (un crack, a quien dediqué en su día un artículo).
Langmuir fue premio Nobel de Química en 1932. Había leído algo de la obra de J.B. Rhine, sobre la percepción extrasensorial. Se sintió fascinado sobre lo que él llamaba "ciencia patológica": la ciencia de las cosas que no son así. Quienes la practicaban, decía, no son deshonestos, "sino que simplemente lograban engañarse a sí mismos". Decía que en estos casos las evidencias siempre parecen estar en el umbral mismo de la detectabilidad. Si lanzamos una moneda al aire muchas veces y sale un 51% de caras en lugar del 50% el resultado bien puede ser un defecto en la fabricación de la moneda o alguien puede pensar que tiene un efecto mental significativo en ella. En consecuencia, los postulados científicos que se basan en pequeñas diferencias estadísticas tienen siempre poco peso.
Sin embargo, si el índice de aciertos en el caso de la moneda lanzada al aire fuera realmente mayor del atribuible al azar, idependientemente de lo pequeña que fuera la diferencia, se trataría de un resultado profundamente importante, ya que nos obligaría a reexaminar completamente todos nuestros presupuestos sobre los que funciona el mundo.
Otra característica de la ciencia patológica, decía Langmuir, es que no parece haber ninguna manera de amplificar la magnitud del supuesto efecto. Por ejemplo, para oír un sonido con mayor claridad durante una fiesta, uno se acerca a la fuente, pero en el caso de la percepción extrasensorial no parece importar ni la distancia ni el tiempo.
Langmuir fue a visitar a Rhine para explicarle todos estos detalles. Para su sorpresa, Rhine pareció no inmutarse, incluso le invitó a que lo publicara. Se mostró, por otra parte, bastante dispuesto a enseñarle cómo hacía y analizaba sus experimentos.
Durante años, Rhine había utlilizado una baraja con cinco cartas y en cada prueba se pedía al sujeto que imaginara la identidad de 25 cartas. Como promedio, cabría esperar una carta correcta el 20% de las veces. En unas ocasiones sería una puntuación superior y en otras inferior, pero la media debía ser ese 20% aproximadamente. Rhine decía que había encontrado un promedio superior al que cabría atribuir al azar.
Pero Langmuir se quedó asombrado al descubrir que Rhine había excluido resultados obtenidos por aquellas personas de las que sospechaba que identificaban una carta incorrecta deliberadamente. Creía que a las personas a las que no caía bien lo hacían a propósito para fastidiarle. ¿Y cómo distinguía a esas personas? Pues porque su puntuación era demasiado baja.
Cuando Langmuir intentó explicar el fallo a un periodista, este último fue incapaz de seguir sus argumentos. Lo que sí escribió es que un famoso Premio Nobel estaba investigando la percepción extrasensorial.
Tercer caso: Franklin y Lavoisier.
Franz Mesmer fue un médico vienés pensaba que las posiciones de los planetas influían en la salud humana, y quedó seducido por las maravillas de la electricidad y el magnetismo. Atendía a la nobleza francesa en declive en vísperas de la Revolución. Se reunían en una habitación oscura y Mesmer, vestido con una túnica dorada de seda floreada y blandiendo una varita mágica, hacía sentar a sus pacientes alrededor de una cuba con una solución de ácido sulfúrico. El magnetizador y sus jóvenes ayudantes varones miraban a los pacientes fijamente a los ojos y les frotaban el cuerpo. Ellos se agarraban a unas barras de hierro que sobresalían de la solución o se daban la mano. En un frenesí contagioso, se curaban aristócratas a diestro y siniestro, especialmente mujeres jóvenes.
Causó sensación. Él lo llamaba "magnetismo animal". Sin embargo, como perjudicaba el negocio de los practicantes de una medicina más convencional, los médicos franceses presionaron al rey Luis XVI para que tomara enérgicas medidas contra él. Mesmer, decían, era una amenaza para la salud pública... y para sus bolsillos, ya que les estaba quitando sus cliente más acomodados. La Academia Francesa de las Ciencias nombró una comisión que incluía al químico pionero Antoine Lavoisier y al diplomático americano y experto en electricidad Benjamín Franklin (como curiosidad también incluía a Joseph Ignace Guillotin, ¿os suena ese apellido?).
Diseñaron una serie de ingeniosas pruebas en las que a algunos sujetos se les hizo creer que estaban recibiendo el tratamiento de Mesmer, cuando en realidad no era así, mientras que otros recibieron el tratamiento sin saberlo. Los resultados establecieron más allá de toda duda que los efectos del "mesmerismo" se debían únicamente al poder de la sugestión. La conclusión de la comisión fue que las curaciones, si las había, estaban en la mente del que las esperaba. La reputación de Mesmer quedó destruida y tuvo que retirarse a Austria. Aun así, ni él ni sus seguidores se dejaron desanimar. Uno de ellos preconizaba más tarde la siguiente actitud para obtener los mejores resultados:
Olvida durante un rato todos tus conocimientos de física... Aleja de tu mente cualquier objeción que se te ocurra... No razones durante un período de seis semanas... Sé muy crédulo, muy perseverante, rechaza toda la experiencia pasada y no escuches a la razón.
Y como dice Carl Sagan:
Ah, sí, y un consejo final: Nunca magnetices ante personas preguntonas.
Fuentes: "Destejiendo el Arco Iris", Richard Dawkins "De Arquímedes a Hawking", Clifford A. Pickover "Ciencia o vudú", Robert L. Park "El mundo y sus demonios", Carl Sagan]]>